Volcán Poás |
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Un coloso inquieto en las cumbres de la cordillera volcánica Central lo es, sin duda, el Poás, el cual se ha mantenido regularmente activo al menos en los últimos dos siglos. Sobresalen las explosiones de vapor con columnas de agua y fuego de alturas hasta de 1000 m que han caracterizado períodos de su actividad. Una hermosa laguna ácida de un profundo color turquesa y fumarolas sulfurosas que, como respiraderos, son signos de la gran energía que proviene de sus entrañas, convierten al Poás en el Parque nacional más visitado de todo el sistema de áreas de conservación. Una vegetación exuberante permite adentrarse, además, en senderos donde abundan las epífitas, los helechos gigantes y las bromelias y donde son características las sombrillas de pobre (Gunnera insigguis), con hojas de hasta dos metros de diámetro. El ascenso hasta la cima del coloso permite disfrutar de un ambiente fresco y lluvioso de montaña en el que predominan cultivos como el café, las flores, los helechos y las fresas. Ya en la cima del coloso, la temperatura promedio es de 12°C. El Parque Nacional Volcán Poás fue establecido en 1971 y protege un área de 6506 hectáreas que forma parte del Area de Conservación Cordillera Volcánica Central. Está ubicado a 2708 msnm y se localiza a 31 km al norte de la ciudad de Alajuela. Las estructuras principales más recientes que presenta el Poás son las siguientes: su cráter principal, de forma subcónica irregular, con 1,300 m de diámetro y 300 m de profundidad, y su característica laguna caliente de color celeste intenso; la hermosa laguna Botos y el cono von Frantzius. De estas estructuras, únicamente el cráter principal ha mostrado actividad eruptiva en 200 años; sus paredes, esculpidas por la erosión en forma de fuertes pendientes, muestran en su lado septentrional. diversas capas de productos eruptivos de diferentes colores: testigos mudos de cada de las erupciones del coloso. La razón de la persistente actividad que ha tenido el volcán desde que fue visitado por primera vez en 1828, se explica por la presencia de un cuerpo magmático (roca derretida a una presión elevada) poco profundo que se desgasifica y enfría gradualmente. A menudo trata de abrirse paso, pero solamente logra hacerlo en nuevas fumarolas que conducen los gases volcánicos y el calor hacia la superficie. El Von Frantzius, por su parte, es un volcán más antiguo, el cual se ubica al norte del carácter principal, a 2639 msnm. Debe su nombre a un científico alemán, quien en 1860 realizó investigaciones descendiendo al cráter principal para medir la temperatura del agua. El mayor desarrollo de esta cráter antiguo se da hacia el norte, donde vestigios de extensas coladas de lava se extienden hasta el extinto volcán Congo, que también forma parte del complejo Parque y está ubicado seis km al norte del cráter del Poás. A una distancia similar del cráter principal, pero hacia el sur, se ubica otro volcán, cuya mayor belleza la constituye la laguna de aguas frías y cristalinas de origen pluvial de 400 m de diámetro que cubre su cráter y es conocida como laguna Botos. El cono tuvo su formación unos 8300 años atrás. Hoy es uno de los sectores más bellos del Parque, separado tan solo 800 m del cráter principal por un sendero de bosque achaparrado o enano, en el que conviven especies como el arrayán (Vaccinium consanguineum), el azahar de monte (Clusia adonta) y el copey (Clusia major). En los bordes del cráter del Poás, plantas como el helecho lengua (Elaphoglossum lingua) se ha adaptado a vivir adheridas a la lava o a las cenizas endurecidas. La edad de las coladas de lava en la cima del Poás se ha calculado en 7,540 años. Un exuberante bosque nuboso con especies como el roble (Quercus sp) y el cipresillo (Escalonia poasana) rodea la laguna, mientras que en las laderas del sector caribeño del Parque los bosques tienden a ser más altos y muy húmedos, así como ricos en palmas, helechos arborescentes y epífitas. Como en todas las cumbres de los colosos, la fauna es escasa, debido a las difíciles condiciones climáticas, pero las aves tienden a reinar, con 79 especies registradas en el Parque. Por eso, no es tan raro observar colibríes como el garganta de fuego (Panterpe insignis), o incluso escuchar el canto metálico del quetzal (Pharomachrus mocinno). Es posible además observar diferentes especies de ranas y sapos, al igual que mamíferos como el coyote (Canis latrans) y la ardilla (Sciurus gramatensis), la cual deja ver su rojiza cola entre las ramas de los árboles cercanos a las áreas de almuerzo. Es sin duda, la constante actividad del cráter principal lo que fascina al visitante. Las erupciones del coloso se conocen desde 1747, cuando el gobernador español Juan Gemir informó de su actividad al señalar que existía un volcán de fuego. En 1888, temblores en las laderas del macizo provocaron deslizamientos que originaron la laguna de Fraijanes, ubicada a orillas de la carretera hacia la cima del Poás. Sin embargo, la erupción más grande de la que se tiene registro ocurrió el 25 de enero de 1910, cuando una columna de vapor y ceniza se elevó a una altura de 8000 m sobre el nivel del cráter. Uno de los más grandes períodos eruptivos, con emisión de grandes nubes de ceniza y piedras incandescentes acompañadas de ruidos subterráneos (erupción estromboliana), ocurrió entre 1952 y 1954. Este dio lugar a la estructura actual del cráter principal. Desde entonces, el Poás ha mantenido períodos de gran actividad, algunos marcados por la presencia de erupciones freáticas (con columnas de agua y sedimentos) que han alcanzado alturas record de hasta 1000 y 2000 m sobre el nivel del cráter, además de lanzamiento de ceniza y gran actividad fumarólica. Una de las erupciones más importantes de los últimos años se dio en 1994, cuando el volcán arrojó rocas al playón que rodea el cráter, las fumarolas aumentaron su actividad y la laguna del cráter principal se secó por algunos meses. En épocas recientes, la actividad del volcán ha sido de tipo fumarólica y de microtemblores, con la presencia de una gran cúpula de lava y una laguna caliente, que emana gases, vapor, sedimentos y diversas sustancias minerales. Esta laguna, que ha cambiado su tamaño y profundidad en los diversos períodos eruptivos, presenta una temperatura que varía entre los 40°C y 50°C, así como una alta concentración de ácido sulfúrico y clorhídrico; esta es considerada, de hecho, una de las lagunas naturales más ácidas del mundo; las fumarolas han llegado a mostrar temperaturas de entre 300°C y 800°C y un color rojizo cuando la temperatura sobrepasa los 400°C, debido a la combustión del azufre. Su constante emisión de vapores y gases, conocida como "lluvia ácida", que es impulsada por el viento, provoca un impacto ambiental hasta una distancia aproximada de 10 km a partir del cráter. Sus efectos van desde quemaduras en el café y los cultivos de fresas, hasta daños en pastos dedicados a la ganadería y áreas de reforestación.
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