|
Volcán Arenal
Volcán Barva
Volcán Poás
Volcán Irazú
Volcán Rincón de la Vieja
Volcán Turrialba
|
Costa Rica es tierra de volcanes; impresionantes macizos,
conos erosionados, tapones y coladas se hallan por doquier. Costa Rica es
considerado uno de los 20 países del mundo más ricos en biodiversidad.
Pese a que representa tan solo el 0.03% de la superficie del planeta, se
estima que posee el 4% de la riqueza biológica mundial.
Desde laguna sulfurosas de colores intensos, gigantes latentes en la
espesura del bosque, conos que alguna vez fueron explosivos y enormes
cráteres que elevan su majestuosidad en la cima de las cordilleras, ubicada
en el activo Cinturón de Fuego del Pacífico, no solo posee volcanes que
están considerados entre los más activos y fascinantes del mundo, como es
el caso del Arenal y del Poás, sino que su actual territorio es el
resultado de un complejo vulcanismo que fue iniciado hace unos 75 millones
de años.
Como el resultado más reciente de esa larga secuencia de actividad
volcánica, el país cuenta con diversos conos volcánicos, cuyo número
varía de acuerdo con el criterio adoptado por los especialistas. Algunos
vulcanólogos estiman que en Costa Rica existen alrededor de 300 focos
volcánicos de muy variadas formas, integrados a la rica flora y fauna de
las cordilleras Central, de Guanacaste, de Tilarán y de Talamanca, así
como a las llanuras de San Carlos-Caribe y la cordillera oceánica del Coco
(que no es ni más ni menos que un antiguo volcán inactivo) constituye su
único afloramiento al nivel del mar. Para otros vulcanólogos, en Costa
Rica existen 112 aparatos volcánicos.
En Costa Rica, la actividad volcánica es el resultado de la fricción
entre las placas de Coco y Caribe, que causa la fundición parcial de las
rocas de la corteza, las cuales son empujadas hacia la superficie por
presión del manto terrestre. Este material en estado de fusión (llamado
magma) asciende, junto con los gases, a la superficie terrestre por medio de
grietas o zonas de debilidad.
Al contrario de los del resto de Centro América, los volcanes de Costa
Rica no constituyen formas cónicas simples, sino complejas estructuras con
la presencia de otros focos eruptivos menores. De ahí que, existan desde
conos tan pequeños que sólo cuentan con unos pocos metros de altura, como
el del monte de la Cruz, en San Rafael de Heredia, hasta verdaderos
colosos como el Irazú, del que forman parte los pueblos y campos agrícolas
que se ubican en sus faldas y laderas.
En Costa Rica, el Irazú es el volcán situado a una mayor altura,
mientras que el Barva, con su compleja estructura volcánica, es el coloso
más grande en extensión, aun cuando no posee cráteres con manifestaciones
activas.
Uno de los volcanes más activos lo es, sin duda, el Arenal, que se
encuentra entre los diez de mayor actividad en el mundo. No en vano los
indio guatusos pensaban que en éste residía el Dios Fuego, una idea que
deja entrever la admiración, pero también el gran temor generado por estos
colosos.
Desde 1723, cuando se escribió el primer relato de una erupción
volcánica en Costa Rica, hasta años recientes, el país ha experimentado
el poder destructivo de las erupciones de los volcanes Rincón de la Vieja,
Arenal, Poás, Irazú y Turrialba.
Esa interesante dualidad en la que el volcán es el generador de tierras
fértiles y extensos valles para las poblaciones humanas desde épocas
precolombinas, pero también una potente fuerza que amenaza con destruirlas,
es parte de la convivencia con esas fascinantes montañas de fuego. Muchas
de ellas hoy son importantes y concurridos parques nacionales rodeados de
exuberante vegetación y, sin duda, parte integral de una tierra que emana
fuego desde sus entrañas.
|