La virtud

V

irtud es diferente de los otros valores porque éste no tiene como característica el ser una inclinación o una facultad característica del ser humano, sino algo que es adquirido. Es decir, todos tenemos la capacidad y por lo tanto la posibilidad de ser virtuosos, pero sólo llegaremos a serlo mediante la adquisición de la virtud.
El ave canta aunque la rama cruja, porque conoce lo que son sus alas
José Santos Chocano


Ya que es una característica adquirida, admite grados, y así se puede ser más o menos virtuoso, según se posea, y se aplique lo poco o mucho que se tenga de virtud. Puede llegar el momento en que alguien sea un hombre o una mujer virtuosa, y entonces se aplica totalmente la fuerza de la virtud. Este concepto y su realización son muy importantes, porque hay quienes enseñan que la virtud está en el término medio, lo cual, según lo entendemos nosotros, es una aberración, a no ser que se quiera decir lo que entendía Aristóteles, como un punto entre el exceso y el defecto; pero en tal caso nosotros entendemos que cuando hay exceso o defecto que de alguna manera corrompe la naturaleza propia de algo, este algo padece un vicio, su naturaleza está corrompida.

Los hombres tenemos tendencias y facultades que localizamos en la inteligencia, en la voluntad y en el sentimiento, los cuales de manera natural buscan la verdad, el bien y el amor, que respectivamente les son propios, y todos juntos tienden a la religiosidad, la justicia y la belleza. La virtud en este caso consiste en la fuerza que perfecciona la naturaleza humana mediante la adquisición de esos valores fundamentales y supremos.

Esa fuerza no es algo que se posea de nacimiento, sino que se adquiere mediante dos caminos: la disciplina y la práctica; y se trata de una decisión de la voluntad, decisión que deberá ser permanente y aplicable en todas, todas las circunstancias de la vida social y espiritual.

Cuando ya se posee, actúa, por así decir, de manera automática, de modo que el hombre virtuoso necesariamente expresa la virtud en sus pensamientos, palabras y acciones. Es decir, la virtud adquirida como valor humano, se refleja en las obras.

La virtud se opone por lo tanto al vicio, entendido aquí además de como defecto o imperfección, como una depravación y corrupción de la naturaleza humana, en cuanto somos cuerpo, mente, alma y espíritu. Entonces cualquier cosa que atente contra la integridad o perfección de estos cuatro elementos, es un vicio, por ejemplo, el uso de las drogas, los pensamientos morbosos, la complacencia en lo feo y en la injusticia. Visto así, es claro que el vicioso no sólo rechazará la virtud y al virtuoso, sino que luchará contra él.

Sin embargo, siempre será mayor la fuerza y la capacidad de la virtud, tanta, que la experiencia demuestra la posibilidad de que el vicioso se convierta. Desgraciadamente muchos fallamos en la práctica de la virtud con demasiada facilidad y aunque no necesariamente caemos en el vicio, de cierto sabemos que no es fácil ni sencillo adquirir este valor humano de la virtud, y siempre tendremos la conciencia de que la virtud es el adorno perfecto para nuestras relaciones con Dios y con nuestros hermanos comprendidos en el resto de la creación.