La Belleza
elleza es la condición a que todos los seres humanos nos inclinamos,
respondemos ante un atractivo, y la existencia misma de lo bello,
que es lo que nos atrae, independientemente de dónde o cómo se dé.
Sin embargo, muchas veces
encontramos no sin sorpresa que aquello que a nosotros parece bello,
para otros no lo es. Esto ha dado lugar a muchos estudiosos del arte
y de la psicología para presuponer que la percepción de la belleza es subjetiva;
es decir que no existe en la realidad, sino en los sentidos o en el pensamiento
de los seres humanos, quienes por este medio "se la fabrican", por así decirlo.
La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma
Voltaire
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Tratándose de la belleza del cuerpo y del alma, "así como en el cuerpo existe una armonía de formas bien proporcionadas y unidas, y una buena disposición que se denomina belleza, así en el alma la uniformidad y coherencia de las opiniones y de los juicios, unida a una determinada firmeza e inmutabilidad, que es consecuencia de la virtud o contiene la esencia misma de la virtud, se denomina belleza" (Cicerón).
Así pues, una persona es bella por la buena disposición del cuerpo o por la virtud de su alma, o por los dos aspectos juntos. A partir de aquí podemos entender mejor otros dos campos, el de la perfección sensible y el de la perfección expresiva: perfecto es aquello que posee todas las partes que le pertenecen; por lo tanto nada le falta ni le sobra: así como está así es, y no puede ser de otra manera. Además, entre las partes de lo perfecto hay una combinación inmejorable y unas y otras se relacionan en proporción y correspondencia exactas.
Independientemente de que así planteado lo único perfecto es Dios, por la sencilla razón de que no tiene partes y en Él todo es Él, ciertamente podemos de manera general decir que las cosas perfectas son bellas. Y también que mientras más algo o alguien tiende a la perfección, más se acerca a la belleza.
Sin embargo, no podemos olvidar lo que decía Cicerón, de que la belleza interior o del alma es consecuencia de la virtud. Se habla de la virtud entendiéndola como la fuerza para dominar los vicios y las pasiones malsanas; por lo tanto, el hombre vicioso o de bajas pasiones no es bello, pero, por más vicioso que sea no se le acaba la inclinación por la belleza; se sentirá atraído por ella, lo cual, en muchas ocasiones puede llegar a ser la causa de su regeneración.
El ser humano que es virtuoso es bello; el ser humano que tiene un cuerpo bien proporcionado es igualmente bello, aunque el sentido sea diferente. Y los demás sienten la atracción por lo bello y pretende apropiárselo, lo cual puede ser de muchas maneras: unas veces es por la contemplación, otras veces es por medio de los sentidos, otras por medio de la inteligencia y el pensamiento, y también por medio de la imaginación.
Ahora bien, sea que uno posea la belleza por sí mismo o sea que la haya adquirido, tenerla como algo propio es enriquecedor y lo hace diferente, de modo que desea poseer más belleza, sabiendo, o estando consciente de que para ello ha de esforzarse por ser virtuoso, lo cual es al mismo tiempo un trabajo para lograr la perfección propia como condición para obtener una capacidad personal que comprenda la perfección que encierra la belleza.
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