El Liberia es un río pequeño en su nacimiento y esa pequeñez se acentúa en la época veranera, cuando las aguas disminuyen en toda la región al punto de que es frecuente encontrar cauces de ríos completamente secos. El Liberia no aumenta mayor cosa su caudal aun en invierno; y su paso por la ciudad del mismo nombre es lento y no ofrece mayores peligros. Por esta razón sorprende encontrarse en la parte alta una profunda y ancha herida en aquellos duros terrenos, de origen volcánico, que son una invitación tentadora para el amigo de explorar las topografías irregulares.

Porque nadie espera encontrarse con un enorme cañón horadado durante millones de años por el río Liberia, y que tiene paredes de cientos de metros de alto; y no menos de un kilómetro en su parte más ancha. Es un cañón mucho mayor que el del Virilla.