El Abrazo

Cuando te abrazo, asáltame la idea
de ser hiedra que oprime a una escultura;
más, ola azul ciñendo la hermosura
de la triunfante Venus Citerea.

Más, ser círculo de oro que rodea
de un soberbio brillante de luz pura,
más, ser trozo de sombra en que fulgura
un lucero que vivo nacarea.

Más, ser del sol engarce peregrino;
más ser paño de cáliz argentino;
más, ser sagrario de tu busto terso;
más, ser de un alma el amoroso lazo;
y más, ser Dios cogiendo en un abrazo
la redondez sin fin del Universo.


Salvador Rueda