Cleopatra
La vi tendida de espaldas
entre púrpura revuelta
estaba toda desnuda
aspirando humo de esencias
en largo tubo escarchado
de diamantes y de perlas
Sobre la siniestra mano
apoyada la cabeza
y cual el ojo de un tigre
un ópalo daba en ella
vislumbres de sangre y fuego
al oro de su ancha trenza
Tenía un pie sobre el otro
y los dos como azucenas
y cerca de los tobillos
argollas de finas piedras
y en el vientre un denso triángulo
de rizada y rubia seda
En un brazo se torcía
como cinta de centella
un áspid de filigrama
salpicado de turquesas
con dos carbunclos por ojos
y un dardo de oro en la lengua
Tibias estaban sus carnes
y sus altos pechos eran
cual blanca leche vertida
dentro de dos copas griegas
convertida en alabastro
sólida ya pero aún trémula
Ah! hubiera yo dado entonces
todos mis lauros de Atenas
por entrar en esa alcoba
coronado de violetas
dejando con los eunucos
mis conturnos en la puerta
Antonio Castro